jueves, 26 de abril de 2012

Lavarse las manos como "Aponte Pilatos"

Los venezolanos muchas veces tenemos la capacidad de conferir el título de héroe a cualquier villano que "arrepentido" quiera lavar su nombre. Olvidamos que las consecuencias de nuestros actos son responsabilidad exclusiva de nosotros y nos decantamos por la idea de culpar a un tercero, porque siempre será el camino más fácil, porque es el ejemplo que históricamente hemos recibido, porque “pobrecito”, nos obligaron.

Lo de Aponte Aponte no escapa de ser uno de esos casos donde la gente que hace daño, generalmente irreparable, cuando siente la soga muy apretada en el cuello decide arrepentirse. Eladio Aponte, luego de varios años de corruptela, decide lavar su nombre y su reputación (como si algún día la hubiese tenido), denunciando e inculpando a todas las personas que al parecer lo obligaron a manejar la justicia como si se tratara de un juego de niños. Este ex magistrado que hoy el oficialismo quiere hacer ver como un colaborador de la oposición, es uno de esos fenómenos “endógenos” del proceso revolucionario que se vive en nuestro país. Uno de esos funcionarios de “cuello rojo” que ha demostrado que nuestros intensos reclamos por recuperar un sistema judicial autónomo y transparente, no eran en vano. Aponte incluso nos llegó a restregar en la cara que todo lo peor que pudimos pensar sobre la justicia en nuestro país, es tan sólo el combo básico que se ofrece en las altas esferas del poder rojo rojito.

Lo interesante de las declaraciones del “ex magistrado arrepentido” no sólo radica en la cantidad de datos aportados sobre el manejo irregular de la justicia en nuestro país, sino en la red de corrupción que se teje entre los altos funcionarios del poder público. Esos que descargan a diario sobre la oligarquía venezolana, esos que dicen estar del lado de los que menos tienen, pero que en el fondo se burlan de nosotros y roban a diario el dinero de todos los venezolanos sin ningún tipo de vergüenza, abultando sus cuentas para garantizarse un “futuro digno” fuera de nuestras tierras justo ahora cuando todo parece indicar que la revolución apagó sus motores y se encuentra en su fase final.

La justicia, la de verdad, esa representada en la imparcialidad y transparencia, totalmente autónoma y que no se vende a ningún precio, se encargará de pasar factura a quienes hoy, en su nombre, violentan sus principios. Para la verdadera justicia (que escasea por el mundo entero) poco importa el arrepentimiento de quienes hicieron daño cuando tuvieron opción para no hacerlo. Este es el inicio del arrepentimiento, ya vendrán muchos a lavarse las manos como “Aponte Pilatos”.

El nombre cuesta mucho lavarlo, por eso es que los hombres dignos decidimos no ensuciarlo nunca, ni cuando por poder se nos incita a hacerlo. Espero que su familia haya aprendido la lección a tiempo, porque definitivamente lo de usted, Eladio Aponte, ya es un caso perdido.

RBR

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