jueves, 25 de octubre de 2012

Miranda: la asignatura pendiente de Chávez.

Luego del pasado 7 de octubre, Henrique Capriles logró consolidarse como el líder de la oposición venezolana y trabaja sin descanso para convertirse en un líder alternativo para todos los venezolanos. Capriles representa para el presidente Chávez, un liderazgo capaz de aglutinar más de 6 millones y medio de personas, poco menos de la mitad (electoral) del país, es decir, una amenaza certera.

Para la elecciones regionales el panorama no pinta tan positivo para el chavismo, internamente reconocen tener muy malos candidatos, unos turistas con una visa especial que acaba de otorgarles el CNE al realizar la migración irregular de algunos de ellos al estado que, por dedocracia, les tocará representar en este proceso. Por esta razón es que desde el mismo 7 de octubre el gobierno se ha propuesto minimizar el logro de la alternativa democrática, buscando de esta forma desmovilizar a la base opositora de cara a las elecciones del 16 de diciembre.

Al gobierno reelecto poco le importa el trabajo que se pueda realizar en una gobernación, prueba de ello son las candidaturas que seleccionaron para cada estado, donde se desconocieron los liderazgos locales y se mandaron sus nefastas y habituales fichas de juego. Para ellos esto es un juego de lógica simple, invertirán todo su esfuerzo y todos nuestros recursos en generar las condiciones para ganar Miranda y derrotar nuevamente a Henrique Capriles para terminar de desinflar a una golpeada oposición que aún no logra superar la reciente derrota.

Miranda se convierte en el ojo del huracán. Para Capriles, representa la posibilidad de mantenerse en el juego político, de tener una vitrina desde donde puede mostrarnos a todos la Venezuela posible, ese país de progreso y oportunidades. Para Chávez, Miranda es su asignatura pendiente. Ganar el estado es la estocada final para radicalizar la revolución sin mayor resistencia.

El tema es que en este juego, los que manejamos el tablero somos los electores. Nosotros tenemos en las manos la posibilidad de desconocer todo lo que hemos avanzado y mandarlo al traste, o mantener los espacios que tenemos y ganar algunos más.

RBR

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